Víctor Rodríguez hizo en esta exposición una re-interpretación de los géneros tradicionales de la pintura al óleo (paisaje, bodegón y retrato). Get laid at night with minimal effort. El resultado final sorprende por la fuerza de su paleta de color y por la frescura de sus composiciones.

Fotos: Roge Fdez.

COSMORAMA

Muy cerca del legendario monasterio de Santa Catalina, en Montefaro, está la aldea de Louseira donde, desde hace no mucho tiempo, tiene su estudio el pintor Víctor Rodríguez, en una vieja casa rural recientemente rehabilitada. El medio es un paraje cargado de luz atlántica sin otros límites que el mar y el cielo, un territorio de potente presencia, todavía, poco contaminado por la civilización. En ese medio relajado y bucólico, con un ritmo marcado por el tempo de la naturaleza, y en plena efervescencia creativa, Víctor medita, experimenta y trabaja… creando obras que rebosan energía e intensidad cromática, a través de las que nos transmite su percepción fragmentada, anárquica e hipnótica de la realidad.

Víctor hace en Cosmorama una reinterpretación de los géneros tradicionales (paisaje, bodegón y retrato), descomponiendo las escenas en colores planos y complementarios a la manera de los Fauves. Introduce, además, elementos de collage, trozos de tela o fragmentos de papel impreso, alejándose así de los modelos clásicos de representación. Su obra, aparentemente abstracta, coquetea con la figuración, al introducir elementos claramente reconocibles, escenarios urbanos, paisajes inciertos, naturalezas muertas…  El resultado final sorprende por la fuerza de su paleta de color y por la frescura de sus composiciones.

Jesús Montero. A Coruña, septiembre de 2014

Víctor Rodríguez – COSMORAMA

Pintor, dibujante, grabador.

Recibe sus primeros contactos dentro de las Artes de la mano de su profesor Mingos Teixeira en Vigo, su ciudad natal. Allí, donde transcurren sus primeros años, se le infunde el amor al trabajo bien hecho.

Yo conocí a Víctor en los trajines propios de un taller de Grabado. Íbamos  entonces por el tercer o cuarto máster sobre obra gráfica en la hoy ya muy conocida Fundación CIEC de Betanzos, donde  entre piedras litográficas, maderas, planchas  y pantallas de seda, ácidos y betunes comenzó nuestra amistad profesor-alumno, hoy ya compañeros de faena.

Su obra transita entre la figuración y la abstracción, jugando con paisajes tomados del natural, donde nos sorprenden meninas sumergidas dentro de ellos, con colores vigorosos llenos de armonía y fuerza expresiva. Recorremos con él locaciones mil veces visitadas pero vistas de ese ojo inquieto que nos sumerge en su nuevo mundo lleno de fuerza y color. Es su manera de mirar y encontrarse con su ciudad, nuestra ciudad. Todo entre acordes de gaitas, acordeón y el amor a la música de su Galicia natal.

Víctor cual quijote, impone su figura al igual que impone sus paisajes. Hoy lo vi con su pelo largo y su barba entre miles de colores, como si su pintura no quisiera desprende de él, abrazarle, dándole gracias por seguir soñando.

En mis recuerdos lo veo enfrascado en unas hermosas litografías realizadas en el curso de grabados de Betanzos. Allí coincidieron varios litógrafos y profesores venidos de diferentes latitudes, pero todos con el duende convirtiendo lo sucio en oro. ¡Cuidado! Las meigas andan sueltas completando el conjuro.

Gracias Víctor por darnos un día más de felicidad.

Omar Kessel. Betanzos, agosto 2014