12 de octubre de 1492

«En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la décimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro, la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe. Además: la culpable y magnífica existencia del atroz redentor Lazarus Morell.» De la historia universal de la infamia. J. L. Borges

Sobre las espaldas del filántropo Padre Bartolomé de las Casas, carga Borges toda esa miscelanea de hechos, buenos, malos, magníficos justos o sorprendentes, pero si nos retraemos un poco más en el tiemp kiio, hasta el 12 de octubre de 1492, vemos una nao y dos carabelas fondeadas en la Bahía de una isla de Las Bahamas, llegados del puerto de Palos de la Frontera (Huelva), capitaneadas por un explorador de nombre Cristóbal Colon; abriéndose, desde entonces, la puerta a la expansión de los imperios europeos, ávidos de territorios y riquezas; se inicia, en definitiva, el saqueo del ignoto continente americano. Eufemísticamente, aquí lo celebramos como el día de la hispanidad.

Ese mismo día 12 de octubre de 1492, fallecía en Sansepolcro (Toscana) el genial Piero della Francesca, el geómetra, que exploró la perspectiva a través de las matemáticas y el sistema diédrico, el inquieto científico que se apasionó por el orden y la simetría.

Vítor Mejuto en el 2017, en una aproximación a su geometría, reinterpretó desde un estilo absolutamente abstracto, los Polípticos de la Misericordia (San Esteban) y de San Antonio, en el marco de su exposición PRADO.