La exposición reunió una selección de 14 cuadros al óleo en los que el artista hizo un estudio del cuerpo femenino retratando, de forma lírica e intimista, a una única modelo y sus diferentes reflejos en el espejo. La muestra contó también con tres esculturas de estilo hiperrealista que representaban partes del cuerpo humano. At 4-singels you can pickup hot chick.

El café de las mañanas.

El café de las mañanas entre estos espejos fatigados de reflejar a quienes en ellos se vieron, se miraron, se buscaron. el café de las mañanas desviando nuestras miradas de la prensa del día para encontrarnos, en el azogue decadente de las lunas, con los fantasmas tristes del pasado

El café de las mañanas, siempre de las mañanas, para esquivar la turbamulta de todas las tardes. Aquí, en mi cabeza, la ensoñación deriva imprevisible al exterior del salón de los espejos descascarillados, a la calle en la que soy un sintecho más con mis pinceles y mis pinturas en la bolsa que habito, en la que guardo las cosas que voy pintando sobre tablillas arrancadas de las cajas que vomitan los supermercados de la zona.

Las limosnas apenas me dan para los colores, algún café y, de vez en cuando, un cartón de vino, pero nadie me conoce y eso diluye la vergüenza. No me siento mal. Lejos del salón de los espejos y de la calle en la que asiento la mendicidad queda la galería de arte en la que malvendo, si se tercia, algunas tablillas para permitirme un dry martini entre las guitarras que un día fueron de los héroes del rock. Nada me duele si mi cuerpo está bien, ni siquiera el paso del tiempo, ni el recuerdo de aquel pasado en el que exponía en Madrid, Barcelona o Milán, en el que me seleccionaban en alguna Bienal o me daban algún Accésit por ahí.

La ensoñación deriva sin gobierno, al garete, como mi vida. también en ella divago acerca de mi pasado futuro, cuando al fin admití que estar solo era la única posibilidad viable y me eché a la calle donde más factible lo suponía: donde ser un perfecto desconocido me permitiese un anonimato indolente, irresponsable. Así fui a dar con mi imagen en aquellos espejos, cálidos en su cromatismo pero fríos como porteros de garito.

Duermo con la cabeza entre los recuerdos del viaje a África y las raídas solapas de la zamarra y los ojos ocupados en el gentío que entra y sale de los vagones del metro, de la estación del metro, porque la gente no dejará de provocar mi curiosidad; como pasear por mis recuerdos, pasados o futuros. Como escribir en un cuaderno, con un lápiz de esos que tienen una pequeña goma de borrar en su extremo final, todas estas parrafadas que nunca volveré a leer, expulsadas ya como el vómito de la resaca, aquí en mi cabeza.

Nito  da  Vila

Espejos.

Entrar en el estudio que Nito da Vila tiene en la calle Asturias no es, evidentemente, lo mismo que entrar en el taller que Lucian Freud tenía en Paddington, pero hay también bohemia encerrada, lirismo, ópera y sensación de «spleen de Londres»; se huele esa especie de existencialismo que determinó gran parte de la obra del artista de origen alemán, ese descubrir el cuerpo con detenimiento, esa postura cercana con respecto a lo que se pinta.

ESPEJOS es un análisis minucioso, pero también lírico e intimista del cuerpo femenino, trabajado con un purismo realista en el que el cuerpo de la modelo es retratado con exactitud, crudeza y sin complejos; los vientres y pechos distendidos, con sus pliegues y relajaciones, la intensidad poética y psicológica, nos llevan a las obras de la escuela neofigurativa inglesa. Los desnudos no se quedan en la superficie del cuerpo; desvelan, en parte, la personalidad de la modelo que queda expuesta ante los ojos del espectador.

El soporte, lienzo arrugado, el óleo y la pincelada concretan una textura original que, apoyada en la palidez del color y una luz mortecina confieren a la obra una singularidad excepcional y perturbadora.

Esta visión analítica y poética del cuerpo humano se complementa con tres esculturas hiperrealistas, casi quirúrgicas, que representan partes del cuerpo aisladas (expuestas en vitrinas de vidrio), haciendo un guiño a los modelos expositivos de la clasificación del mundo natural de la Ilustración.

Jesús Montero