Rosa Úbeda tiene, al menos, unos rasgos de expresión de su imaginario estético muy claros. La vinculación entre pensamientos y manifiestos, cultura, historias y mitologías, conceptos, símbolos, iconos (esas escaleras al cielo o a ninguna parte, esas casitas jaula que contienen el amor o la incertidumbre), signos y personajes que pueblan sus cuadros, convierten su obra en una aproximación a la literatura, intentando forjar, a la manera de Kitaj, una atadura entre las dos artes.

Rosa indaga en las yuxtaposiciones, superposiciones y asociaciones de significantes (naturalezas, épocas, animales, caligrafías y personajes), que ya asomaban en el irreverente Sigmar Polke a principios de los setenta y, poco más tarde, en J. Schnabel. La sincretización de técnicas, fórmulas compositivas casi opuestas (a veces deliberadamente anárquicas) y discursos expresivos, que caminan por los territorios del Pop art, del Surrealismo y del cómic, juegan una suerte de complicidad que, en el observador, deviene en enigma.

Jesús Montero. A Coruña, abril de 2015.

En Mis secretos Rosa nos muestra su universo personal a través de una visión fragmentada de la realidad. En un primer nivel de representación el collage y el dibujo comunican de forma simbólica y onírica. Su collage se basa en elementos que trabaja ella misma fuera del lienzo, papeles dibujados o imágenes imposibles creadas a base de recortes y fotografías. Su técnica de dibujo, despojada de efectismos, sorprende por la sinceridad y libertad en el trazo y se plasma en un estilo salvaje e intuitivo. En un segundo nivel comunica a través del signo más obvio y cercano, la palabra escrita, transmitiendo referentes directos a los que el espectador se aferra para descifrar los mensajes implícitos en sus obras. Por último, la intensidad cromática de su paleta añade un componente emocional y atmosférico a las composiciones, que en muchas ocasiones se contrapone a los mensajes concretos del collage, del dibujo y de las palabras.

Con todos estos elementos, Rosa Úbeda consigue activar nuestra «infancia adulta», poniendo a funcionar los mecanismos internos de nuestros propios recuerdos, sacando a la luz imágenes del subconsciente colectivo o obligándonos a desarrollar nuestro propio potencial creativo al imaginar soluciones posibles al enigma que nos presenta. Sus obras provocan un efecto hipnótico, atrayente y sugestivo en el observador y aportan mucho más que lo que se aprecia a nivel superficial. Son obras profundas y ambiguas que nos enfrentan con nuestra propia profundidad y ambigüedad.