Así como los magos provocan visiones astrales controladas empleando una serie de símbolos mágicos, Pablo Gallo se sirve de sus pinceles para crear su propio sistema cosmológico a partir de sus propias experiencias. El artista, como un chamán, conjura la realidad como un producto mágico reinterpretando nociones heredadas.

Al igual que William Blake, Odile Redon, James Ensor o Austin Oman Spare, vive en un tiempo anacrónico en el que sitúa las escenas de sus visiones. Actúa como un nigromante que invoca una cultura popular poblada de fantasmas y espectros, transmutándola mediante el sortilegio mágico de su pincel, que como una vara ritual ejecuta los arcanos del conocimiento velado, situando su pintura en un lugar fronterizo entre la vigilia y el sueño, entre la realidad y el mundo onírico.

 Tonecho Otero

Obra