EL CORTE MODERNO

«El artesano es un hombre culto, con esa cultura propia del sentido común. Nunca está satisfecho de su labor, se está juzgando siempre. Una vez entregada la obra, el artesano se atreve a garantizarla para la intemporalidad. No desea vender más de lo que su cliente necesita.

El maestro sastre forma parte de ese mundo perdido de los antiguos menestrales, regido por un principio liberal (no capitalista) nacido en los gremios que engrandecieron la Europa occidental en los siglos XVI, XVII y XVIII. El referente de estos ciudadanos que yo he conocido en Europa tienen una consideración muy distinta de nuestra filosofía de vida. Carecen de envidia, tal vez por ser más calvinistas y luteranos. En cambio, el viejo hidalgo español se sentía orgulloso de no trabajar y, menos aún, de ejercer cualquier oficio artesano.

La mesa del maestro sastre (alfaiate, maestro sarto, maître tailleur, tailor, schneidermeister) es el final de una larga cadena de oficios: pastor, esquilador, matarife, hilador, aprestador y acabador, plegador de cartón y transportista.

Pero no se crean que el artesano rechaza la evolución o los materiales nuevos, como nuevas hilaturas, entretelas, forrería o botonería. Siempre está demandando a fabricantes y fornitureros que le fabrique esto o aquello que necesita, ya que su trabajo es tan personalizado y diverso como lo son sus clientes, principales consumidores de su “Oficio Arte”.»

José Luis Iglesias Rodríguez
Sastrería Iglesias (1864-2011), A Coruña

EL CORTE MODERNO
(La piel como pretexto)

«En una memorable conferencia, dictada en la bonaerense Universidad de Belgrano en mayo del 78, J. L. Borges definía El Libro como un instrumento extensión de la Memoria y de la Imaginación. Para dar sentido a tal aseveración recurre, en un alarde de técnica didáctica, al símil. De este modo, otros instrumentos como el microscopio o el telescopio serían extensiones de la vista, el teléfono de la voz y, el arado o el sable extensiones del brazo. Siguiendo este discurso argumental podríamos concluir que la ropa es una extensión de la piel; y, este es el motivo, el asunto de la última obra de Vítor Mejuto: La piel como pretexto.

Y así lo cuenta en un artículo publicado en el Extra de La Voz de Galicia, el 11 de diciembre de 2011, “Mi sastre echa el cierre”, que después de ver los patrones de papel de estraza con los que el alfaiate Dn. José Luis Iglesias, proyectaba las perneras de un pantalón, viéndolo enfrentado a la pasión y placer por la creación, pensó que había tema y material para una serie de cuadros (de los que esta exposición es sólo una muestra) basados en la deconstrucción o abatimiento, en la representación diédrica de esta segunda piel.

Y es que para Vítor la pintura manda, la pintura es el tema, y es que a veces le es suficiente como tema, ver de frente un camión con remolque, es decir, un rectángulo verde sobre fondo siena tostado; como la Vaca de Teo Van Doesburg, la Composición de 1916 de Piet Mondrian derivada de la Iglesia de Domburg o, ya en otros parámetros, el viento de la Bahia de la Concha peinado por Chillida. Es que un hurtador de imágenes atrapa campos de color como expresión narrativa; ese es el oficio que VM resuelve con humildad, imaginación, constancia y rigor, sin dejarse llevar por tentaciones provocadoras, subversivas o nihilistas.
Son los beneficios que producen unas buenas tertulias con un maitre tailleur.»

Jesús Montero
A Coruña, Noviembre 2016