Pablo Livio (1964, Thalwil Suiza) cursa estudios de Diseño Industrial con la especialidad de Diseño Gráfico (1987) y de Pintura y Dibujo en la Academia de Bellas Artes San Alejandro en Habana (1992). Tras varias exposiciones en Cuba llega a España en 1993. Con su proyecto Ceubeart realiza numerosas exposiciones en Galicia, Madrid y el País Vasco. El mestizaje, la riqueza cultural de Cuba contribuye notablemente a la poética de Pablo en esta primera etapa, influenciado por el concepto  de lo real maravilloso de Alejo Carpentier. Su intención es transmitir a través de sus obras la carga emocional de la que se nutre su conciencia artística. Esa carga emocional no se entendería sin el peso de la cultura y la sociedad cubanas, en la que se fusionan culturas africanas, asiáticas y europeas. De esa pérdida de identidad surge una búsqueda y autoanálisis del que nace una cultura original, nueva, fresca y viva. Es este contexto en el que se sitúa y se entiende el pensamiento de Alejo Carpentier que resuena en la obra de Pablo: lo maravilloso, lo surreal, impregna la cotidianeidad y llega a todos los aspectos de la realidad. Nada es ‘normal’. 

Después de numerosas exposiciones por salas de Madrid, País Vasco y Galicia, se establece en Viveiro donde desarrolla una dinámica de trabajo más pausada. El discurso inicial, directamente relacionado con su identidad y origen, se va diluyendo hasta que se pierde. Tras varios años de búsqueda, en los que no se siente identificado con su estilo anterior más abstracto, encuentra un nuevo lenguaje que responde a su necesidad actual de comunicar de forma más clara y directa.

Esta exposición es el resultado de esa búsqueda. La técnica pictórica es lo primero que asombra de la obra de Pablo, pero después de unos minutos en los que el ojo se acostumbra a que lo que tiene delante es una pintura y no es real, después de intentar tocar la obra, coger la manzana o despegar la cinta de carrocero de la pared, viene lo que más interesa de su obra. Y es que Pablo no se queda en la superficie. Su intención no es engañar al ojo o competir con la realidad. En este nuevo lenguaje hiperrealista también está presente lo “real maravilloso”; los objetos cotidianos que se organizan en bodegones esconden historias y secretos que sólo el pintor conoce, pero que se intuyen. Cada objeto contiene una carga emocional que se relaciona íntimamente con la carga del objeto que Pablo minuciosamente, elegantemente, coloca a su lado.

Según John Berger, en su fantástico Modos de ver, la pintura al óleo responde a nuestra necesidad de poseer, de rodearnos de objetos hermosos que llenen nuestros vacíos. Lo interesante es que en la obra de Pablo esta pulsión no es puramente material, los trofeos que tan magistralmente captura en el lienzo responden a necesidades emocionales y nos llevan a un pasado común compartido, como es el caso de los walkman, las cintas de música o la colonia Agua Brava.

Su uso de los géneros clásicos de la Historia del Arte (bodegón, naturaleza muerta, retrato, paisaje) tampoco es casual. De nuevo utiliza una estructura claramente reconocible con la que como espectadores nos sentimos a gusto, pero una vez que nuestra mirada se relaja al ser capaces de clasificar la obra, los objetos representados y sus relaciones pasan a un primer plano. Se trata de bodegones contemporáneos en los que elementos de la cultura pop se exhiben junto a elementos de la naturaleza (la manzana, la rosa) y retratos que, unas veces son el elemento más importante de la composición, y otras veces se camuflan en las portadas de revistas, cómics o periódicos deportivos.  Lo que es evidente es que cada uno de los elementos que Pablo elige representar en sus obras está tan minuciosamente pensado como las pinceladas que los construyen. El aparente desorden no es fortuito.

Otro nivel de profundidad añadido a la obra de Pablo son las referencias/homenajes a maestros y obras maestras de la Historia del Arte. El más evidente a Salvador Dalí es fácil de encontrar en uno de sus bodegones con paisaje surrealista de fondo, pero fijándonos bien podemos descubrir la postura de una Odalisca de Ingres o la luz oblicua de la Lechera de Vermeer colándose por la ventana.

Sin embargo, por encima del virtuosismo técnico, de la carga emocional, casi narrativa en la que los objetos nos cuentan una historia, o de la dimensión intelectual de las piezas, está el placer que nos proporcionan. El placer sensorial se percibe en la belleza de los objetos y de los colores, y el placer sensual en las formas voluptuosas de las mujeres que retrata, de los aromas a perfume y a tabaco que casi se perciben, de los sabores de los bombones, de los caramelos, del vino, de la cerveza, … son las capturas que Pablo Livio nos ofrece en esta exposición y que os invitamos a disfrutar en nuestra galería.

Obra